Recuperar la memoria es lícito. Recuperar la memoria es un derecho y un deber para seguir adelante. Quien ignora su pasado e inventa deliberadamente una historia nueva está impidiendo que los otros, los ignorados, recuperen su lugar. La memoria histórica no reabre heridas sino que busca finalizar de una vez por todas con la perversión mantenida durante demasiado tiempo. Porque el silencio impuesto es perverso y ahonda las heridas, nunca les da curación. De nosotros y de aquellos que promovieron una ley, que ahora parece pesar demasiado, depende escribir un final digno para los que fueron ocultados y condenados al olvido.
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